Aviso: esta guía es informativa y no sustituye la consulta médica. El IMC es una orientación general; solo un profesional sanitario puede valorar tu salud de forma completa.
Revisado: 2026. Rangos según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El IMC (índice de masa corporal) es el número que usan médicos de todo el mundo como primera aproximación para valorar si el peso de una persona está en un rango saludable. Se calcula en diez segundos, pero interpretarlo bien tiene más miga de lo que parece.
La forma más rápida de obtener el tuyo es nuestra calculadora de IMC: introduces peso y altura y te dice tu valor y tu rango al instante. Aquí te explicamos la fórmula, qué significa cada rango y, sobre todo, qué no te dice el IMC.
La fórmula del IMC, paso a paso
La fórmula oficial es:
IMC = peso (kg) ÷ altura (m)²
Ejemplo con 70 kg y 1,75 m:
- Eleva la altura al cuadrado: 1,75 × 1,75 = 3,0625.
- Divide el peso entre ese número: 70 ÷ 3,0625 = 22,86.
- Redondea a un decimal: 22,9.
El error más común es usar la altura en centímetros sin convertir: con 175 en lugar de 1,75 el resultado sale cien veces menor y no tiene sentido. Siempre en metros.
Los rangos del IMC según la OMS
La Organización Mundial de la Salud establece estos cortes para adultos:
| IMC | Clasificación |
|---|---|
| Menos de 18,5 | Bajo peso |
| 18,5 – 24,9 | Normopeso |
| 25 – 29,9 | Sobrepeso |
| 30 – 34,9 | Obesidad tipo I |
| 35 – 39,9 | Obesidad tipo II |
| 40 o más | Obesidad tipo III |
Estos rangos son los mismos para hombres y mujeres adultos. Están pensados como herramienta de cribado poblacional: un punto de partida, no un diagnóstico.
Qué significa estar en cada rango (y qué no)
Normopeso (18,5–24,9): el rango asociado estadísticamente a menor riesgo. No significa “salud perfecta”: una persona en normopeso puede tener mala condición física o hábitos poco saludables.
Sobrepeso (25–29,9): señal de atención, no de alarma. Mucha gente en este rango está sana; el médico valorará otros factores (tensión, colesterol, glucosa, hábitos) antes de recomendar cambios.
Obesidad (30+): a partir de aquí el riesgo estadístico de ciertas enfermedades aumenta de forma clara, y conviene hablarlo con un profesional sanitario para un plan personalizado. Recuerda: el IMC por sí solo no diagnostica nada.
Bajo peso (menos de 18,5): también merece consulta médica, porque puede deberse a múltiples causas y conviene descartarlas.
Los límites del IMC que debes conocer
El IMC es útil pero tiene defectos conocidos que la propia comunidad médica reconoce:
- No distingue músculo de grasa. Un deportista con mucha masa muscular puede tener un IMC de 27 y estar en plena forma. El IMC “castiga” el músculo porque solo mira el peso total.
- No dice dónde está la grasa. La grasa abdominal se asocia a más riesgo que la de caderas o piernas, y el IMC no la diferencia. Por eso muchos médicos complementan con el perímetro de cintura.
- No vale igual para todos. En personas mayores, embarazadas, niños o ciertos grupos étnicos, los cortes estándar se interpretan con matices. En niños se usan percentiles por edad y sexo, no el número directo.
- Es una foto, no una película. Un IMC aislado dice menos que su evolución en el tiempo: subir o bajar varios puntos en un año dice más que el número de un día concreto.
Por eso los profesionales no usan el IMC solo: lo combinan con analíticas, tensión arterial, hábitos y, cuando hace falta, fórmulas más completas como la de Mifflin-St Jeor para estimar el metabolismo basal dentro de una valoración global.
Cómo medirte bien para que el cálculo sirva
Un IMC mal medido es peor que no medirse:
- Pésate por la mañana, después de ir al baño y antes de desayunar, con ropa ligera. Usa siempre la misma báscula.
- Mide tu altura descalzo, de espaldas a la pared, mirando al frente. La altura “de carnet” que recuerdas del instituto puede estar desactualizada.
- No te obsesiones con decimales: una diferencia de 0,3 puntos entre dos días suele ser agua y digestión, no grasa.
El IMC a lo largo de la vida
El IMC no se interpreta igual a todas las edades, y conviene saberlo antes de preocuparse por un número:
- En la infancia y adolescencia no se usa el valor directo, sino los percentiles por edad y sexo: un IMC de 22 puede ser normal en un adolescente y alto en un niño pequeño. El pediatra lo valora en las revisiones.
- En la edad adulta los cortes de la OMS se aplican tal cual, y es la etapa donde el IMC es más útil como seguimiento: calcula el tuyo cada pocos meses con la calculadora y fíjate en la tendencia, no en el día concreto.
- A partir de los 65 la interpretación se matiza: en personas mayores, un IMC ligeramente por encima de 25 no se asocia al mismo riesgo que en la mediana edad, y la pérdida de masa muscular (sarcopenia) hace que el peso total cuente una historia incompleta. Aquí el criterio médico individual manda más que la tabla.
En todas las etapas vale la misma regla: el IMC es el punto de partida de la conversación con tu médico, nunca el veredicto final.
Cuándo consultar a un profesional
Calcula tu IMC con la calculadora y tómalo como lo que es: una orientación. Consulta a tu médico o a un dietista-nutricionista si:
- Tu IMC está fuera del rango 18,5–24,9 y quieres un plan para cambiarlo.
- Tu peso ha cambiado mucho en poco tiempo sin causa aparente.
- Tienes alguna enfermedad (diabetes, hipertensión, tiroides…) y quieres ajustar tu peso con seguridad.
- Eres deportista y el IMC te clasifica mal por tu masa muscular.
Y si lo que quieres es afinar tu edad biológica frente a la cronológica, nuestra guía sobre cómo calcular tu edad exacta te enseña a calcularla al día.
Calcula el tuyo en la calculadora de IMC, interpreta el rango con la tabla de arriba y, si el número te deja dudas, llévalo a tu próxima consulta médica. Es para eso para lo que sirve: para empezar la conversación, no para terminarla.